Cuestión de Narices

El perfume tiene un poder asombroso. Tanto es así que, en ocasiones, incluso puede influir en la conducta humana. Hablamos con expertos para descubrir un poco más sobre el marketing olfativo.


Es muy probable que al destapar una fragancia determinada piense de repente en esa persona que suele llevarla o, incluso, es posible que le invadan recuerdos de situaciones asociadas a ese perfume. Nuestra memoria olfativa es poderosa y hace frente al paso del tiempo -recordamos el 35% de lo que olemos y sólo el 5% de lo que vemos-. Y las empresas lo saben. De hecho, lo saben desde hace tiempo y algunas han sabido aprovecharlo.

El marketing olfativo consiste en relacionar un producto, una entidad o incluso una marca con un perfume. Esta estrategia aprovecha la información que se extrae del neuromarketing, basado en conocer aquellos estímulos del exterior a los que reacciona el cerebro humano. La clave está en ligarlos al incremento de un producto o, por ejemplo, a la mejora de una experiencia.

“El olfato está directamente ligado al sistema límbico, que es el que tiene mayor recuerdo y dirige nuestras emociones”, explica María José Gomis, directora comercial de Emotions and People y licenciada en Psicología. “Las personas somos pura química y cuando consigues despertar emociones estás incrementando el deseo”.

Isabel Guerrero, perfumista que está a la cabeza de la empresa que lleva su nombre y referente en España en formación olfativa y sensorial, recuerda que “cada vez que respiramos está entrando información en nuestro cuerpo y a través del sistema olfativo recibimos un gran impacto emocional” hasta el punto de que “una experiencia puede ser positiva o negativa en función de dicho impacto”. Por ello hay entidades que emplean este marketing silencioso –como lo califica Guerrero- cuyo éxito reside en el abrumador poder del olfato, evidentemente, pero también, en parte, en su sutileza. “Cuando un cliente entra a un local comercial debidamente perfumado, se encontrará a gusto y permanecerá más tiempo en el establecimiento”, asegura Luciano Distefani, director de Ambifresh, empresa que ha trabajado para clientes como Ikea o Custo Barcelona, entre otros. Tanto es así que, incluso, el perfume “puede ayudar en la decisión de compra”.

El rico pan recién hecho

Al pasar por el pasillo del supermercado donde está la bollería o el pan es difícil quedarse indiferente. Algunos de esos aromas proceden de esos productos, pero hay veces que no, que se trata de “aromas reproductivos que imitan”, como expone Luciano. Y lo ilustra con un ejemplo: “si el cliente pasa por la zona de las chocolatinas y sólo ve el envoltorio, una fotografía del chocolate, no causará en él tanta impresión como el hecho de percibir sus notas olfativas, que van a ayudar a que se decante por la compra”.

Fuente: http://360gradospress.com/not/105622/cuestion-de-narices/

 

 

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